23 octubre 2020

¡Gracias, corazón!

Traigo el corazón cansado y la ilusión rota.
Hay días así.
La ventaja es que el corazón es el único órgano que se regenera.
Es cuestión de paciencia.
No lo hace solo, necesita días soleados,
una taza de té, remojarse en lágrimas.
De ésas lágrimas profundas, que emanan del río de la esencia.
De ésas lágrimas que lavan las heridas y las dejan expuestas, pero listas para sanar.
Necesita flores y canciones.
(Recientemente descubrí que los gatitos ayudan)
Necesita chocolate y acurrucarse.
Se receta, de igual manera, agua de mar y atardeceres.
Un abrazo y la risa de la familia.
Necesita mirar al frente. 
Agradecer y besar al pasado para así despedirse definitivamente. 
Soltar los invisibles hilos que nos atan a la fuente del dolor, es primordial.
Lo sé, porque he estado ahí.
Más veces de las que quisiera.
Más veces de las que creo que puede soportar éste corazón marchito.
Pero, aparentemente es fuerte y saldremos juntos de ésta y de las que vengan.
Me queda de consuelo saber que cuando llegue a casa, mi corazón será fuerte y habrá aprendido tanto sobre dolor, que el amor, ése amor inevitable y abrumador, será inconfundible.
¡Gracias, corazón!
Por no rendirte, por seguir creyendo, por seguir viviendo y por nunca abandonarme.